A mala hora confundí la película italiana Dogman (Matteo Garrone, 2018) con la francesa Dogman (Luc Besson, 2023). La del romano parece un filme dedicado a sancionar la estupidez, al tiempo que exalta la fibra noble y sentimental del protagonista, Marcello (interpretado por Marcello Fonte), un tipo escuálido y vulgar, padre divorciado, vendedor de coca, cuidador y amante de los perros.
Por el contrario, la de Luc Besson es un thriller psicológico dispuesto a copiar cualquier cine que le venga a propósito, sin miedo al plagio. Tome nota de que Douglas, el protagonista, está narrando su vida a una psiquiatra. ¡Más original no podía ser! Y ni hablar de la secuencia en que Douglas se disfraza de Edith Piaf, y en un confundido homenaje al Salieri de Amadeus, se intercala el momento Piaf, con el extasiado semblante del narrador. ¡Sufre, Milos Forman!
En una charla con el periodista Jeff Goldsmith en su canal de YouTube Backstory Magazine, el director de cine, guionista, escritor y productor francés, Luc Besson, refiere que su Dogman no dejó nada en el tintero. Es decir, se filmó lo que había; lo que figuraba en el guion tal cual lo escribió en su momento. Ni sobraba ni faltaba nada, según su criterio. No se sacrificó ni un bocadillo, ni quedaron en el cuarto de edición, escenas o fragmentos que hubiera querido conservar en el corte final a toda costa. Y no es de extrañar, Dogman es una película extremadamente hueca, llena de trompicones y escamoteos mal disimulados, que ningún golpe efectista logra sacar a flote.
El personaje principal, Douglas Munrow (Caleb Landry Jones), sufre el trauma y las secuelas de una niñez malvivida entre el abuso físico y el dogma religioso impuesto dentro de una familia disfuncional. Ya adulto, convive con una manada de perros que ama y cuida con la misma devoción y fidelidad que los canes sienten por él. De manera que Besson intenta vender una historia sobre cómo un desdichado enfrenta su mala suerte, se inventa un modo de vengar o corregir la maldad universal y al mismo tiempo pretende ser parte del mundo a través de una máscara y un escenario de cabaret.
Ambientada en Nueva Jersey, Dogman pudo ser el relato de un travesti que halla en el drag queen show el modo de sanar sus heridas, imitando a Édith Piaf, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, etc. Sin embargo, la escritura de Besson solo contempló este derrotero de modo tangencial.
Reconozco haber tropezado con críticas muy despiadadas sobre Dogman, lo cual me libera de atentar demasiado contra una película destinada a desaparecer en el olvido. Pero si algo parecen querer salvar sus detractores es la actuación de Caleb Landry Jones. En busca de otras referencias, fui directo a ver Nitram (Justin Kurzel, 2021), cinta con la que el también músico estadounidense ganó el premio a Mejor Actor en Cannes. Honestamente, le falta camino por recorrer y algo de suerte que ponga en ese camino un personaje y una historia dignas de ese talento que le vieron y premiaron en Cannes. Por cierto, en 2018 Marcello Fonte ganó ese mismo galardón por su trabajo en la otra Dogman.
A diferencia de Nitram y Douglas, personajes prototípicos, con diferente grado de trastorno conductual interpretados por Caleb en sendos filmes, Marcello es un personaje común y corriente, muy básico en su relación con la gente que le rodea. Las cosas de Marcello dan rabia, risa y ganas de zarandearlo por tonto. Es muy cariñoso con su hija, adorable y comprometido hasta el delirio con los perros, fiel a sus amigos y, sobre todo, psicológica e impecablemente real, con ese ADN neorrealista que el cine italiano lleva inoculado hasta la médula.

Como les contaba al inicio, por puro despiste confundí un Dogman con otro. La cinta italiana ya la había visto, por allá por 2019. No me pesó volver a verla. De la misma manera que un héroe apuesto y valiente suele despertar inmediata simpatía, un protagonista de escaso atractivo físico puede conquistar al público si su interpretación es profunda y verosímil, como la de Marcello.
Digo que lamenté confundirme, porque a pesar del respeto que merece un cineasta como Luc Besson, entre cuyas obras se destacan El gran azul, Nikita, Léon y El quinto elemento, esta del clan canino y el vengativo Douglas, no deja demasiado margen al entusiasmo.
