Anora: Sexo sin sindicato, emprendimiento barato

Anora, quien gusta ser llamada Ani, tiene 23 años y trabaja como stripper en un strip club de Nueva York. Allí conoce a Vanya, el hijo bitongo de un oligarca ruso, con el que inicia una relación efervescente. Mucho sexo bien pagado, fiestas, droga y videojuegos, marcan un vínculo que desembocará en la fábula de Cenicienta Generación Z.

Durante sesenta minutos, Anora (Sean Baker, USA, 2024) describe el tipo de bacanal en que viven inmersos los protagonistas; así como la explosiva y casi palpable pulcritud que reina en el gentlemen’s club de Brooklyn, cuyo ambiente a toda hora festivo ilustra la regalada vida que se gastan sus trabajadoras sexuales. La cinta logra también poner en escena la alta gama de placeres que se puede procurar un chico adinerado, con su mansión estadounidense, su private jet, su penthouse suite en un casino de las Vegas y su alta cuota de estupidez palmaria y autorretraso mental como mejor distintivo de una crianza a toda leche y cero principios.

Cuando la cosa empieza a ponerse turbulenta, Anora, que había marchado con patente altanería sobre la cuerda floja del drama romántico, cambia el tono y se transforma en una comedia ligeramente negra. El filme gastará la próxima hora y pico en arrancar carcajadas y bajar la intensidad del conflicto dramático a punto de enfriamiento, para presentar secuestros, extorsiones, amenazas, nuevos machos alfa en acción y un final demasiado antihigiénico para una protagonista profesionalmente impoluta.

Yo quise perdonarle casi todo a Anora (incluso su inmerecida Palma de Oro en Cannes), porque tanto Mikey Madison que interpreta a Ani, como el joven ruso Mark Aleksandrovich Eydelshteyn, que interpreta a Vanya, asumen con absoluta disciplina, ponderable talento e innegable encanto sus respectivos roles. Ella lleva a cuestas su banalidad, destreza física, habilidades eróticas y caprichosa candidez, con sobrado arsenal histriónico. Mientras él devora su personaje, sin reducirlo a un arquetipo y al propio tiempo condensa en una representación verosímil, todos los rasgos que caracterizan al playboy de marquesina.

Ahora escúcheme: Cuando termine de ver Anora, pregúntese, como lo hice yo, qué necesidad había de hacer una película como esta. Pregúntese qué aprendió y qué clase de sabor le deja Anora en la boca y en el cerebro. Tome en cuenta que Baker es también el guionista del filme y que lo pensó para que fuera protagonizado por Mikey Madison, quien lo acompañó en el proceso de escritura; por lo que cada evento o tramoya sexual y su puesta en escena fueron consensuados. Además, considere que Sean Baker es un modelo de varón alternativo, evolucionado y confiable, con certificado y salvoconducto Me Too.

Creo que Sean Baker (Take OutStarletTangerineThe Florida ProjectRed Rocket), quería aclarar unas cuantas cositas que quizás llevaba tiempo atoradas en el gaznate. Por ejemplo, en la conferencia de presentación de la película en Cannes, dijo, en una perfecta gramática progre, que la intención del filme es ayudar a remover el estigma que siempre ha reinado sobre el sexo transaccional. Y añadió que el trabajo sexual debe ser despenalizado y no ser regulado de ninguna forma, porque es el cuerpo de una trabajadora sexual y depende de ella decidir cómo lo utilizará para su sustento.[1]

Con esto queda explicado el tratamiento glamuroso con el cual Baker ha maquillado el cabaret de servicios erótico-sexuales y sus salones VIP, donde Anora dispone con total “libertad” de su cuerpo para ganarse honradamente el pan. Y de tan feliz que luce Ani con su cometido laboral, no duda en escalar dentro de la “empresa” y llevar al siguiente nivel lo que ya puede anotarse como su emprendimiento. No digo más para no revelar detalles. Quiero, de todo corazón, que vayan a ver la peli de Sean Baker, porque van pasarla tan bien como si estuvieran en un go-go club.

Ironías aparte, no nos engañemos. Anora no es una heroína, ni siquiera en los liberales términos de Baker. Llegado el momento de enfrentar desafíos y superar obstáculos, Ani demuestra fuerza y coraje; no se derrumba en su peor momento. Sin embargo, carece de autonomía para resolver su conflicto; su siguiente paso depende de lo que decida hacer la contraparte masculina. Carente de moralidad y valores asociados a la justicia o la autoestima, Ani obra motivada por el deseo de cancelar su inmolada vida de bailarina erótica y empleada sexual, para disfrutar de los parabienes de la riqueza obtenida a cualquier coste. Por lo tanto, no experimenta transformación de ninguna índole. En ella se cumple aquello de que “Por dinero baila el can, y por pan, si se lo dan”. Anora es, en el mejor de los casos, una superviviente.


[1] https://www.festival-cannes.com/en/medialibrary/anora-by-sean-baker-press-conference/

Deja un comentario