El día que la humanidad acepte que ser madre no es (necesariamente) el mayor regalo que la vida puede hacer a una mujer, el surrealismo y el psicoanálisis freudiano, por fin se liberarán de un lastre. El mito de la maternidad como don y sacrificio apostólico, ha sido tan perversamente acotado y explotado –al menos en la cultura judeocristiana-, que cada vez cuesta más trabajo tragárselo en seco. No obstante Ari Aster escribe, dirige y produce un filme basado en el conflicto existencial y paranoide de un hijo malvado a quien ha llegado la hora de rendir cuentas por sus fechorías, acusado ante un tribunal tan absurdo como el de El proceso. De eso puede que se trate Beau tiene miedo (Estados Unidos, 2023). O tal vez sea todo lo contrario y pueda acreditársele una interpretación totalmente opuesta. En ese caso, Beau sería una víctima y su madre una traidora.
Beau Wasswermann anda por los cuarenta y tantos. Es un hombre turbio, flácido y medroso. Vive solo en un apartamento que colinda con un escenario citadino entre distópico, surrealista y kafkiano. Debe viajar en avión para visitar a su madre quien lo ha invitado a conmemorar la muerte de su padre. Más adelante sabremos cuál ha sido el verdadero vínculo entre sus progenitores, factor clave para definir el componente misógino –a mi juicio- de la tesis planteada por Aster.
Aunque ésta ha sido catalogada como película de terror fantástico y tragicomedia negra surrealista, siento que mi deber es advertirle a quien me lee que se trata de una mezcla alucinante de un poquito de todo lo que pueda desconcertar, desorientar y hasta incomodar a un espectador promedio. De hecho, me parece injusto emborronar el prestigio de lo que el surrealismo cinematográfico ha sido en manos de Buñuel, pasando por El Topo (Alejandro Jodorowsky, 1970), Brazil (Terry Gilliam, 1985), Mulholland Drive (David Lynch, 2001) y Holy Motors (LeosCarax, 2012) entre otras joyas del mismo talante.
A sus 36 años, Ari Aster tiene un pedigrí fílmico corto pero intenso. Es el director y guionista de los largometrajes de terror Hereditary (2018) y Midsommar (2019), que recibieron mejor aprobación de crítica que de taquilla. En una entrevista con Indie Wire ha reconocido su inclinación hacia producciones de Bergman, Polansky, Truffaut, Haneke, Scorsese et al. Al calor de esas influencias, es comprensible que genere un cine peculiar, sujeto al escarnio y la vindicación, según sople el viento crítico sobre el auditorio.
Como es de suponer, Beau tiene miedo se inscribe automáticamente en la casilla conflictiva. Ante filmes de una trama y una puesta en escena tan inusuales los criterios suelen a ser contrastantes. Entre otros argumentos a favor de Beau…se dice que no es para todos los públicos, sino para un selecto grupo dispuesto a asimilar la profética genialidad de su autor. Que es audaz, imaginativa, experimental, arriesgada y que en su desaforada ambición puede llegar a convertirse en una película de culto. Se destaca, además, la actuación de Joaquin Phoenix, obligado a rentarse un diseño de personaje que no puede parecerse al Arthur Fleck de Joker, aunque compartan alucinaciones, esquizofrenia, agravios e infortunios similares. Y que, en última instancia, es una obra personal, brillante, cuyos 180 minutos de metraje están repletos de sugestión y apoyados por el absurdo y la hilaridad en apropiadas cuotas.
De sus detractores tengo poco que decir: son francamente crueles en sus juicios. Pero hoy es casi mi día de confort mental y ejercicio de la empatía; por lo tanto, me niego a verter una gota de acíbar sobre el filme, hoy. Al final no creo que nadie se ofenda por ir a verlo. El cine sigue siendo un entretenimiento bastante económico.
Publicado originalmente en Cartelera Cine y Video 212 https://www.cubacine.cult.cu/es/publicaciones
