
El cuasi bombardeo de cine norteamericano al que estamos sometidos desde que nos convertimos en espectadores, es decir, desde nuestra tiernísima infancia, funciona como referente para coartar gustos y secuestrar preferencias fílmicas. Abrirse paso con propuestas culturalmente desemejantes e intentar desarrollar cinematografías nacionales que representan problemáticas locales o formas distintas de plantear temas universales es el reto del mundo frente al modelo estadounidense.
Desde la década de 1950, Medio Oriente, Africa y Asia han ido abriendo senderos cada vez más anchos en la apreciación internacional del público, sobre todo a través de lauros ganados en escenarios y festivales euroccidentales. La obra del iraní Asghar Farhadi se ubica en ese contexto, a partir de su triunfo en Cannes con Una separación (2011) y Un héroe (2021), por no citar otros galardones y otras cintas suyas también premiadas.
Alguien ha encontrado una cartera que contiene 17 monedas de oro. No alcanza para clasificar como millonario, ni mucho menos; tampoco para pagar una deuda. Pero sí para desatar un batiburrillo de situaciones que llevarán a Rahim, el protagonista, a vivir intensos episodios entre gloriosos y denigrantes. La realidad pespunteada en gris. El azar intempestivo. La mala suerte y la oportunidad poniendo en juego la ética, el amor propio y el ego. Estas son las claves fundamentales del filme Un héroe, en el que Farhadi vuelve a demostrar que le gusta sonsacar la ambivalencia propia de la moral cotidiana.
Tengamos en cuenta que Rahim es el clásico pringado del pueblo, el típico loser, el tonto de capirote: divorciado y con un hijo que padece disatria, emprendió un negocio y lo estafaron, se enredó en deudas y fue a la cárcel. Al querer pasar por honesto simulando una buena acción, le suma tres rayitas al desastre de vida que lleva.
Aquella escena en que Rahim, víctima de la impotencia golpea a su acreedor, revivifica el momento desesperado que tantos otros “héroes” a lo largo de la historia del cine han manifestado en el momento clímax. Envueltos en circunstancias inesperadas y arrastrados por una iracundia irreprimible han perdido los estribos los protagonistas de Perros de paja (Sam Peckinpah), La anguila (Shohei Imamura), Harakiri (Masaki Kobayashi) Hero (Zhang Yimou), La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea), Acattone (Pasolini), Conducta (Ernesto Daranas), Midnight Cowboy (John Schlesinger) y Relatos Salvajes entre muchos otros, sin contar los chiflados y violentos motu propio en The Shining (Stanley Kubrick), Joker (Todd Phillips) o Taxi Driver (Martin Scorse).
Farhadi pone al día la relatividad de la verdad ya ventilada en una obra insuperable como Rashomon (Akira Kurosawa). Añade el motivo de las redes sociales como instrumentalizadoras de las vocaciones y los comportamientos que se articulan en y para la comunidad. Así confirma que la sociedad contemporánea vive un simulacro perpetuo, sin que la verdad y la justicia puedan atribuirse un estatus real y objetivo, más allá del poder que le confiere el concubinato con la opinión pública vertida en el ciberespacio y los mass media.
A diferencia de La separación, filme sobre un conflicto matrimonial en el que Farhadi reparte créditos y razones a ambas partes, en Un héroe no queda títere con cabeza. Todo el mundo ha puesto los escrúpulos bajo la alfombra persa para llevarse su tajadita del pastel. En esta historia de un hombre carente de inteligencia para triunfar en la vida, las mujeres parecen más taimadas y lúcidas, propensas a fabricar ardides que puedan beneficiarlas directa o indirectamente.
No se destaca el cine iraní por desarrollar largometrajes de ficción sobre ellas. Incluso resulta complicado para las voces femeninas que se hacen escuchar desde la dirección como Pouran Darakshandeh, Tahmineh Milani, o Narges Abyar, por la censura imperante. Es difícil en una sociedad machista y patriarcal, donde las prácticas culturales discriminatorias llegan a niveles de sexismo y discriminación aberrantes. Por ejemplo, las iraníes no tienen permiso para acceder a los estadios y ver partidos de futbol masculino desde 1981, después de la revolución islámica. Hace apenas 3 años la activista Sahar Jodayarí, no quiso esperar la sentencia del tribunal que la había juzgado por intentar entrar al estadio disfrazada de hombre, y se inmoló frente a la magistratura.
En 2018 el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao, Zinebi, programó un ciclo para visibilizar el cine de las realizadoras de Irán. Divididas en tres sesiones se exhibieron obras que abordan el lugar de la mujer iraní dentro de una sociedad patriarcal; los efectos de la guerra sobre ella y sus hijos, y la violencia diaria contra las mujeres. Eso sí es tomar distancia del cine occidental y de los héroes de pacotilla.
Publicado originalmente en Cartelera de Ciney Video
