Sentencia de melodrama al compás de ‛Calendario’

El melodrama es probablemente el producto más atractivo de la cultura de masas. La obra que lo acoge solo tiene que atenerse a un conjunto de reglas que han caracterizado al género desde el folletín decimonónico y novela rosa, hasta el culebrón televisivo. El cine lo heredó y lo ha explotado siempre, con eficaz control sobre la música como elemento inductor de estados emocionales.

Un filme como Lo que el viento se llevó, va acompañado del subrayado melódico para cada situación de principio a fin. En Francia, Jaques Demy, plantó un modelo inimitable con Los paraguas de Cherburgo, deudor absoluto del melodrama operístico. Un amor sometido por los obstáculos, dos corazones separados por el infortunio, y la continuidad de la vida que es un eterno sufrir, como se advierte en más de un bolero.

El cine argentino de los años 30 y 40, apoyado en el sentimentalismo visceral del tango, también entregó inolvidables piezas lacrimógenas. Recuerdo Madreselvas, amor frustrado, sacrificio, Libertad Lamarque estremeciendo con su voz enardecida, llorosa y dolida al mismo tiempo y Hugo del Carril encarnando al galán rompecorazones. Cine de mujeres, se le llegó a denominar, asumiendo que el ama de casa, la madre de familia, la joven soltera, son mucho más propensas a enternecerse con estas piezas que el común de los caballeros.

El villano, el héroe, la doncella y el bufón.

El melodrama en su estado más puro imita la realidad borrando todo signo incómodo que pueda obstruir la clara expresión de los sentimientos humanos. No cabe la sutileza, ni la finura del subtexto porque hay que dominar rápidamente la voluntad del espectador sin dar lugar a situaciones confusas que se salgan de la cotidianidad.

En este subgénero dramático los seres humanos son responsables directos de sus desgracias, el factor social o político se desdibuja, se sustrae o no se le otorga valor. El héroe -o la heroína- es noble, ingenuo, bondadoso, valiente, temerario. Mientras el villano es un personaje que condensa defectos repudiables: egoísta, pretensioso, vanidoso, envidioso y cobarde.

La verosimilitud está condicionada por un contexto ideal, que ha sido prefijado y que resulta inamovible. La historia pretende o simula ser una puesta en escena de la vida real. Es persuasiva en cuanto a dar la idea de que está empapada de actualidad y de que ofrece la mejor alternativa para explicar, desde la ficción, lo que ocurre en el mundo que nos rodea.

Vende un estatus cultural indicando qué es lo que debe consumirse. Qué es lo apropiado para leer o ver en el cine. Y como fachada de la moral pequeñoburguesa -que en definitiva es el pivote ideológico de todo auténtico melodrama-, establece modelos de comportamiento para cada situación puesta en escena; así como reproduce clichés que sirven para apuntalar las preferencias de consumo a las que responde el género, en una suerte de proceso autoafirmativo.

Reactivado y ajustado a las circunstancias, el melodrama siempre habla el mismo idioma con distinto acento. Sus hilos son articulados por cuatro sentimientos básicos: el odio, la alegría, la compasión y el humor. Así identificamos al malo, al bueno, a la víctima y al tonto. O lo que es lo mismo: el villano, el héroe, la doncella y el bufón.

Odalys: Amalia, tu optimismo a veces me parece una novelita de Corín Tellado. Amalia: No me gusta Corín Tellado. Prefiero a Balzac

Pensada para adolescentes, la serie cubana Calendario recién exhibida en la televisión, estuvo orientada a pulsar la cuerda más sensible, de un público que supo conquistar desde el primer momento. Su directora general Magda González Grau, y el guionista Amilcar Salatti, han sido los responsables de esta fantasía tropical en la que Amalia, muchacha joven, blanca, pobre pero digna y profesional, se inmola como profesora guía del peor grupo de una escuela secundaria. De paso quiere borrar de su biografía un pasado lleno de infelicidad. Su historia de superación habla del tránsito de una adolescencia rebelde a un estado de beatitud y benevolencia que la distinguen por encima de cualquier otra persona que se pare a su lado. En esta transformación ha sido capital la influencia de su maestra y amiga Marta.

La virtud e integridad que acompañan el comportamiento de Amalia están reforzados por su entrega hacia el prójimo. Constantemente sacrifica su bienestar para que los demás se sientan bien. Su otra pasión es hacer de payasa gratuitamente, en casas de cultura, centros penitenciarios y hospitales infantiles. Su único defecto es ser demasiado generosa; pero como eso es algo que solo la afecta a ella, no es percibido como defecto sino como cualidad.

Un detalle:  Amalia acepta convertirse en la amante de Carlos Gallardo, un compañero de trabajo, aun sabiendo que es casado y tiene un hijo. Lo asume con alegre devoción y sin evitar dar muestras de incomodidad cuando su rival está presente. Será que su pureza y su sentido de la honestidad la traicionan.  

En Belén con los pastores

Como en los buenos melodramas la noción del tiempo real e histórico queda suspendida en un limbo. Los meses pasan como ver llover. No es en el momento de la pandemia. Pero tampoco es antes, ni después. No hay celebraciones políticas, ni fiestas nacionales. Halloween es un intruso acarreado por la transmedialidad de esta vida loca, y recibirá un trato folklórico; porque si algo sabe hacer un buen melodrama es afincarse en lo nacional.

Por lo demás, todo transcurre en un universo paralelo, mágico, ideal, pletórico, galáctico y platónico.[i] En el que no hay que hacer colas, y hasta la casa más humilde tiene un promisorio portal, pues no existen problemas de hacinamiento, ni ciudadelas. Es un barrio de la ciudad y punto.  Es el lugar. Es el Allá lejosHabía una vez… Cualquier semejanza con la realidad será celebrada como coincidencia pura; pero cualquier tentativa de cuestionar la desemejanza, chocará con el pacto siniestro que justifica un asunto de ficción. 

Cisnes, matrioskas y peluches

Entre los desaciertos hay que subrayar el deplorable diseño escenográfico que apenas alcanza la función decorativa, dado que a los objetos y al espacio no se les explota su capacidad semántica. El esquema básico de la ambientación es el siguiente: lamparita sobre una mesita. Un estante de libros, inexplicables cortinas cubriendo una pared, más cortinas blancas sobre cuanta ventana aparezca, lo mismo en las casas que en la escuela. Platos y/o cuadros abstractos en las paredes. Se incorpora peluche si es la habitación de una adolescente, afiches de artistas si es la de un varón. Pereza nivel Dios. Ni la pobreza justifica la precariedad de los utensilios religiosos en casa de Cecilia, la madre de Orestes, el peor estudiante de la secundaria.

En aulas y pasillos se abusa del tema mural y de la reiterada iconografía que mezcla a Maceo con el Che, José Martí, Céspedes, Fidel Castro, Feliz Varela. A ello se unen en algún momento las imágenes y alusiones a intelectuales como Heredia, Benedetti y García Lorca. También se traen a colación Virgilio Piñera y Rubén Martínez Villena, entre otros ilustres escritores y poetas. Breve mención de Dulce María Loynaz, y algunas otras imágenes de féminas no identificadas, relegadas al fondo, borrosas y sin biografía. Lo cultural se entiende como un lecho de Procusto en el que solo cabe el símbolo oficialmente legitimado, que tiene lo patriarcal como fundamento ideoestético. Sobre todo, nada que perturbe la competencia hegemónica de lo que es popular o está de moda.

Bety: Yo pienso que en un futuro cuando haya que cambiar una tubería en mi casa, vayas tú y no lo cobres. Israel: Depende…

Maritza es como el eje de conciencia entre sus coetáneos. Alertando, aconsejando, observando y acompañando a sus camaradas en los malos momentos. Sin embargo, en algún lugar aprendió que la belleza es moneda de cambio, y le da un beso “de piquito” a Orestes, para que luego pueda masturbarse pensando en ella. Y se va tan contenta con el diario de Maikel que vino a buscar.

¿Tenían que ser negros?

Lo que se genera a partir del cumpleaños de Orestes desencadena un pandemónium. Además de emborracharse y dar el espectáculo, su madre incurre en un delito al ofrecer bebidas alcohólicas a los adolescentes. Noemí lo dirá: En mala hora tomé la basura esa en casa de Orestes.

Colmada por las quejas de la maestra, Cecilia golpeará a Amalia. Y no contenta con ello intentará confrontarla una vez más; pero es detenida por su hijo que la amenaza con denunciarla. No hay personaje con un comportamiento más deleznable que el de Cecilia, negra, pobre, bruta, obesa, santera, alcohólica. Ella y su hijo son lo peor.

Orestes ha sido responsable de las acciones más reprochables: Le roba el diario a Maikel y lo ridiculiza por homosexual; extorsiona a dos estudiantes de séptimo; golpea a Bruno, el compañerito que lo ayuda a repasar. Es el personaje más dicotómico y oscilante. O como se dice en el béisbol, un utility. Negro y marginal ha servido como combustible de diversos conflictos, lo mismo para alabar sus progresos que para condenar sus transgresiones. Sin embargo, la tenacidad de la profesora ha sacado lo mejor de él y despide la temporada convertido en un sorprendente intérprete de Lorca.

Sin embargo, la principal oponente de Amalia es Yaíma. Esta última sangra por la herida de los celos, de la ruptura, de la desestructuración familiar. En cualquier telenovela brasileña le hubieran sacado el jugo a semejante circunstancia. Aquí se ha presentado con bastante parquedad. Solo la excelente interpretación de Amalia Gaute le otorga el debido desgarre, la vehemencia y el disgusto irreprensible a su personaje que, a pesar de todo no va de perder la compostura. Ella no es como Cecilia…

Yanquiel: …Por tres piñazos que le di a la descará esa.

Calendario está construida sobre la base del melodrama de manual, con las debidas actualizaciones sobre el uso indiscriminado, nocivo u ofensivo del móvil, o los discursos sobre la tolerancia sexual y la violencia sexista. No pierde oportunidad de acentuar los aspectos patéticos y sentimentales, con el apuntalamiento musical para reforzar los abundantes momentos de sensiblería.

Como forma de entretenimiento popular, trabaja en la sustitución del pensamiento por la respuesta emotiva y la superficialidad de las reacciones. Desvía la reflexión hacia la empatía, y siempre que sea posible hacia la lástima. Por ejemplo: Amalia quiere que su hermano Yanquiel y su novia Vanesa se reconcilien, después que este le ha propinado una golpiza que provocó el ingreso hospitalario de la joven.  Acusado por ésta, Yanquiel va a juicio y cumple sentencia. Amalia trata de minimizar el sufrimiento de su hermano. Va a verlo a la cárcel y este se niega a comer.  Ella llora. Descubre que su cuñada está embarazada y a partir de ahí, toda la atención se desplaza de la agresión de un psicópata celoso, a la noble causa de la paternidad.

Todo esto ha sido debidamente preparado y empacado en papel celofán mediante una escena en la que vemos a Vanesa en explayada satería con un cliente del lugar donde ella trabaja. El machista de turno le dirá a su mujer: ¿Te das cuenta cómo ustedes nos provocan? Basta que Vanesa haya creído que su cuñada la vio y la chivateó con su hermano, lo cual es suficiente para darla por “culpable”. Culpable por haber provocado la ira del macho, y culpable por haberlo denunciado. Ya banalizada la violencia de género, el embarazo es la coartada para que se comprenda por qué Amalia mantiene su apoyo a Vanesa.

El melodrama reivindica la lucha entre el bien y el mal, entre lo material y lo espiritual. Mientras la esposa de Carlos cambió su trabajo de profesora por otro en una firma extranjera, lo cual le proporciona toda clase de ventajas económicas, Amalia trabaja desinteresadamente. Vive en otro planeta, en una Cuba paralela en la que no existen problemas de transporte ni de abastecimientos. Donde no es suficiente el desgaste que supone trabajar sin las condiciones idóneas; sino que esta mujer en su “cristiano” desprendimiento y beatífica misión ofrece su “talento” para divertir a cuanta alma vague en busca de entretenimiento gratuito.

Oh, Susana, qué estás haciendo aquí

Ante el extremismo del muchacho que pretende negar a su compañero el derecho a no ejercer el voto, Amalia responde ofreciéndole un libro de José Ingenieros. Sin embargo, ante la conflictiva relación de Maritza con los hombres, no se le ocurre ofrecerle un texto de Virginia Woolf o de Simone de Beauvoir. El melodrama suele coquetear con el sentido común, con la misión de lo políticamente correcto y con la pretensión, asaz hipócrita de un fomento cultural basado en los apuntes de Wikipedia y el resumen de contraportada. 

Un verdadero melodrama suele estar plagado de casualidades. Cuando va a la prisión de mujeres Amalia se encuentra con Susana, aquella muchacha a la que le partió una costilla hace diez años, ahora encarcelada. Mediante un acto de burda improvisación sobre las secuelas de la violencia machista, la “actriz” les deja una trascendental pregunta de tarea a las reclusas: Entonces, ¿qué hacemos? Deprimente, básico. De una superficialidad despampanante ¿Quién para el disparate? La frivolidad es otro rasgo propio del melodrama. Hacer creer que critica, cuestiona, denuncia; pero solamente saca el trapo sucio, agita su pestilencia al viento y lo vuelve a guardar.

Otro hecho casual: Odalys sale a caminar por los parajes más turísticos y televisables de La Habana Vieja y ¡zás! tropieza con el papá de Israel y, ni corta, ni perezosa, ni ciega entabla un romance que avanzará a mayor velocidad que un huracán de quinta categoría. Todo lo de ella es súbito. Después de hostigar durante meses a la noble Amalia con sus preguntas capciosas y sus comentarios arteros, en el décimo capítulo se declara su amiga incondicional. Pero lo que rebosa la copa de la paciencia y de la credulidad es que, primero: en esa escuela la matemática brilla por su ausencia; y segundo: nadie se entera de que Carlos le pega los tarros a su esposa con Amalia, salvo un comentario entre estudiantes, que nunca trascendió.

Calladita luces más bonita

En medio de todo este blanqueamiento de la cotidianidad llama la atención el poco desarrollo verbal y la inmadurez psicológica de Amalia fuera del contexto escolar o de sus incursiones histriónicas.  Obviamente, esto tiene que ver con el hecho de que el guionista es incapaz de ponerse en la piel del personaje femenino y poner en su boca las palabras y razones que cualquiera con la cultura de Amalia sería capaz de decir, no a los lerdos de su padre y su hermano, sino a otras instancias con las que interactúa, para el lucimiento de su blindaje intelectual.

Por qué no dialoga verdaderamente con su pareja, con su amiga, con alguna de sus alumnas más cercanas. Una mujer que suele ser tan elocuente frente a sus alumnos, sin embargo, cuando está frente a temas que le atañen por su sexo, se hunde en el laconismo. Más allá de la falacia poética con la que disfraza su carencia de argumentativa, es incapaz de sostener una conversación inteligente o dar un verdadero consejo a Sofía, a Maritza, o meditar con franqueza y solidez sobre su situación sentimental. Ni siquiera tiene una consistente repuesta para el pánico que la domina cuando Javier, un alumno majadero que no sabe gestionar sus frustraciones, saca a relucir su pasado. Da pena.

En otras industrias el problema de la pertinencia y coherencia de las respuestas y actitudes de los personajes se resuelve con guionistas o dialoguistas específicos para cada uno; complementado con la adecuada asesoría en temas delicados como el que intentó abordar Amalia en la prisión de mujeres.

El género como subterfugio del texto

Suscribo al pie de la letra las siguientes palabras de Martín Barbero:  La noción de género que estamos trabajando tiene entonces poco que ver con la vieja noción literaria del género como «propiedad» de un texto, y muy poco también con la reducción a taxonomía que del género hizo el estructuralismo.  En el sentido en que estamos trabajando un género no es algo que le pase al texto sino algo que pasa por el texto, pues es menos cuestión de estructura y combinatorias que de competencia. El género es ante todo una estrategia de comunicabilidad, y es como marcas de esa comunicabilidad que un género se hace presente y analizable en el texto. [ii]

El predominio de la actuación sin apego a la retorización verbal, movida entre el estándar y lo coloquial, es uno de los acápites mejor llevados en Calendario. A destacar: Homero Sacker (Maykel), Paula Massola (Maritza) y Edith Massola, Carlos Bustos (Yanquiel), Osvaldo Doimeadiós (Omar), Odelmis Torres (Cecilia), Ingrid Lobaina (Noemí) y, por supuesto, Amalia Gaute (Yaima) Sobre la totalidad del elenco recayeron no pocos instantes logrados y ciertamente emotivos. Incluso Clarita García (Amalia), a pesar de la desmesurada carga de ñoñería e inverosímiles torpezas que colmó su personaje. Eso tiene de fabuloso el melodrama, te hace llorar, aunque te reconcoma la flatulencia de su argumento.

En el capítulo que despide la primera temporada, se anuncia un nuevo ciclo de obstáculos en la relación de Amalia y Carlos. El galán ha besado a su ex para enviar el siguiente mensaje: el hombre es débil frente al estímulo sexual. Un violador que presuma de ser culto, debiera tatuarse esa frase en medio del pecho. El machista de turno le repetirá a su mujer: ¿Te das cuenta cómo ustedes nos provocan?

Ojalá que triunfe Yaíma. Si de empatizar se trata, yo apuesto por ella. Que se sacuda el residuo sentimental que la ata a este monigote de portañuela alegre. Galán de pacotilla, pusilánime e inseguro. Representa la idea de que los hombres, por buenos que sean, no pueden reprimir el instinto sexual que los lleva hacia una mujer que les gusta, aun cuando puedan sentirse enamorados de otra.

Qué idea tan vieja, tan obtusa. Que triunfe Yaíma. De caritativa, compasiva y bienhechora, no tiene mucho; pero al menos que se libere de ese lastre inmoral y añejo. ¿Pero, qué digo? ¿Dónde se ha visto que el príncipe desprecie a Cenicienta? Por supuesto, Amalia “triunfará” y a Yaíma le tocará llorar. Sentencia de melodrama porque, alma mía, la gloria eres tú.


[i] Al día siguiente de terminar este artículo, en un muro de Facebook alguien compartió el siguiente post: « “Hay un universo paralelo en donde el pueblo aprobó el código penal, el servicio militar es voluntario y la economía se está recuperando” Bacallao.» Calendario forma parte de esa condición alucinógena.

[ii] Jesús Martín Barbero. La telenovela en Colombia: televisión, melodrama y vida cotidiana. http://seminariocultura.sociales.uba.ar/pdf

Una versión de este texto fue publicada en https://www.ipscuba.net/espacios/calendario-la-gloria-eres-tu/ 3 junio, 2022

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