
Esta vez el tipo duro trabaja de saltimbanqui en una feria arrabalera de New York a principios de 1940. Se llama Stanton “Stan” Carlisle y está dispuesto a hacer cualquier cosa por salir de la miseria 8que cunde en los suburbios. Gracias a su agilidad mental y algunas otras habilidades logra dar el primer paso, junto a una dócil e ingenua muchacha llamada Molly que ha desarrollado la capacidad de soportar grandes descargas eléctricas. Juntos iniciarán una empresa de estafa consentida y presentada como número de mentalismo. Este es, en síntesis, el núcleo anecdótico de El callejón de las almas perdidas (USA, 2021) bajo la dirección de Guillermo del Toro.
La historia está inspirada en la novela Nightmare Alley de William Lindsay Gresham que tuvo su primera adaptación cinematográfica en 1947, dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por Tyrone Power. Aquella vino a ser una película bastante insípida, que dejaba en punto mínimo el desasosiego y el morbo contenido en el original, así como sus crudas descripciones y su lenguaje directo y a ratos soez que provocaron la censura del libro en aquella época. Los personajes femeninos, enérgicos y proactivos en el texto literario, lucieron demasiado cándidos en la pantalla. Por lo que una buena parte del excitante argumento se pierde, y se hacen más notables algunas de sus endebles bisagras y suturas.
La propuesta dirigida por Guillermo del Toro, no es un remake del folletín de Goulding. Sigue un rumbo distinto, aunque parta de la misma fuente. Adapta las extravagantes escenas y personajes concebidos por Gresham, al realismo inclemente y sangriento, casi gore, que domina el thriller de los últimos años. Con igual pericia pone en juego todos los códigos del cine negro, para que su materia pueda percutir en la experiencia del espectador, con toda la potencia deducible de un pastiche neo-noir.
Guillermo del Toro, nacido en Guadalajara, laureado con creces y reconocido internacionalmente, laboró en el guion junto a Kim Morgan. El director de fotografía danés Dan Laustsen, ya había trabajado con G. del Toro en La forma del agua (2017) filme premiado con cuarteto de Oscar en 2018: Mejor película, Mejor director, Mejor diseño de producción y Mejor música original (Alexandre Desplat).
Si bien en aquella fantasía romántica Laustsen se inclinó por crear una atmósfera entre onírica, naturalista e intimidante, El callejón… parece un filme estéticamente más ambicioso. Pero también más complicado por la carga simbólica que hereda del libro, y por las connotaciones que arrastran los signos dentro del llamado cine negro y que casi siempre se asocian a aspectos muy precisos: la pistola, el cigarrillo, la obra de arte (aquí figurada en el cuaderno de dibujos de Stan), la femme fatal, el alcohol, la pugna de dos hombres por una mujer y una masculinidad ostensible a prueba de balas, entre otros. Esta versión del 2021 contemplará también las cartas del tarot, una caja fuerte, un libro encriptado, un dictáfono y un centenar de fetos sumergidos en formol.
El perfeccionismo plástico que caracteriza la obra del director mexicano, se sustenta ahora en una pulidísima ambientación y en un excelente diseño de personajes donde lo que menos impresiona es el monstruo. No tanto porque es un falso monstruo, apenas un ser humano luchando por sobrevivir, sino porque es solo un breve anzuelo; sin la debida alcurnia para convertirse en una cita o reminiscencia de Freeks (1932, Tod Brownin) filme considerado repugnante en su época, que dio cabida a esperpentos reales.
Un elenco escogido con pinzas defiende la pieza cinematográfica dándole vida a caracteres del inframundo moral: Bradley Cooper (Stan), Cate Blanchett (Lilith Ritter), Willem Dafoe (Clem), Rooney Mara (Molly), Tony Collette (Zeena) y Ron Perlman (Bruno), entre los más destacados. Si algo caracteriza a G. del Toro es su sentido del casting y su noción del contexto.

Dos de sus más reputados títulos toman como escenario la Guerra Civil española: El espinazo del diablo (2001) un relato de apariciones y fantasmas, y El laberinto del fauno (2006), un drama de terror fantástico que no aparta de su mirilla la denuncia del régimen fascista y dictatorial que habrá de imponer Franco. Así mismo son recordadas sus adaptaciones de cómics: Hellboy (2004) y la saga Hellboy II: el ejército (2008).
Sobre El callejón… tengo pocas quejas: A un clímax demasiado presumido, que subestima al público con total irrespeto, le sucede un anticlímax lenitivo, normalizador, fiel al dogma, y que renueva los últimos votos de suspensión de la credibilidad, restaurando el «efecto género». Hecha para gustar y entretener más que para disertar sobre oprobios humanos, el filme del maestro azteca es, de momento, la más digna respuesta intertextual a la obra escrita en 1946.
No obstante, esperaba más extravagancias, suspense y pasión visceral de un hombre que ha dicho: “Tengo una especie de fetichismo por los insectos, la relojería, la maquinaria y los engranajes, monstruos, lugares oscuros y cosas sin nacer…” Ni los freeks ni los monstruos de aquella feria pintada por del Toro lo son tanto. Más bien candidatos de Got Talent a los que Risto Mejide habría descalificado con su rotundo y refinado «Para mí es un No».
Publicado originalmente en Cartelera de cine y video No. 198 http://www.cubacine.cult.cu
