Luz y sombra del guerrero Zhang Yimou.

Shadow (2018) la película de Zhang Yimou


En 1980 Akira Kurosawa dirige, escribe y produce Kagemusha (La sombra del guerrero), referente ineludible para Shadow (2018) del famoso Zhang Yimou, epígono del inmortal japonés.

Al igual que en Kagemusha, la película del cineasta chino cuenta la historia de un doble, un sosía político utilizado como títere para proteger al jefe. En este caso se trata de un humilde campesino cuyo físico lo iguala al aristócrata y futuro comandante Ziyu. Pero, en el filme de Kurosawa, el gemelo asume como propios los ideales que ha fingido representar y muere defendiéndolos. En el filme de Yimou las tentaciones e incentivos del doble son mucho más terrenales y pragmáticas.


Como es característico en la obra de Yimou, la concepción visual del filme representa un alto por ciento de su atractivo, sostenida por el prodigio fotográfico de Zhao Xiaoding, mediante el uso del blanco y negro, gradaciones de gris, transparencias, contrastes de luces y sombras, y el rojo de la sangre que correrá a borbotones. Añádase el diseño de producción de Ma Kwong Wing; los pugilatos con paraguas giratorios que lanzan dagas como proyectiles; la caverna oculta en palacio, cuya entrada semeja las rugosidades y la angostura del cuello del útero; la nave que a modo de Caballo de Troya es utilizada para entrar en la ciudad de Jingzhou; el doble protagonismo de Deng Chao (Comandante Ziyu e indigente Jing) y el contenido mismo del relato que intenta burlar las predicciones del espectador, con giros fatuos y mañosos, hasta el inesperado final.

El principio femenino identificado con el yin predomina en Shadow


Por otra parte, hay mucha sabia semántica cifrada bajo muy antiguos códigos culturales en la película de Yimou. Por ejemplo, la apelación directa al tablero taichí, basado en el yin y el yang, construido por el verdadero Comandante Ziyu, y reproducido sobre el suelo donde ensayará un combate a tres rondas con su sombra. Ahí radica el eje mismo de lo que se expone en el filme a nivel anecdótico: Todo acontecimiento lleva en su seno a su contrario, en cuyo proceso de desarrollo operará el cambio.


En esta presentación del yin y el yang, hay una excusa filosófica. Según el tao, todo está en constante mutación. No existe la dualidad absoluta, ese espejismo de la mente humana alimentada por la ilusión sensorial que tiende a vindicar los pares: alto-bajo, adentro-afuera, frío-calor, luz-tinieblas, etc. El universo se organiza a partir del equilibrio con la naturaleza. De ahí que la lluvia, sea uno de los actantes o fuerzas dramáticas fundamentales en el filme. La lluvia y lo femenino se identifican con el principio yin, mientras que el fuego y lo masculino se identifica con el principio yang.


Por otro lado, una excusa moral: Todo cambia según la perspectiva desde la cual se observa, y corresponde al libre albedrío asumir el punto de mira que requiere cada situación. Una lectura más integral del cine de Yimou nos llevaría a comprender que para el realizador no existe una decisión correcta que no contenga su contrario: en Qiu Ju, una mujer china (1992), las circunstancias mutan y lo que parecía ético y justo se trueca en lo contrario sin que los personajes puedan hacer nada al respecto.


Y, por último, una justificación artística: El uso del blanco y negro que habitualmente asume el diseño gráfico del yin y el yang, acentúa el dramatismo de las escenas, y ayuda a perfilar mucho mejor la coreografía de los contendientes, porque evita la distracción de la mirada, y obliga a fijar la vista en el cruce de los cuerpos y las armas.


Yimou es sin dudas el más aclamado y galardonado de los realizadores reconocidos como ‘Quinta generación’, aquella que surge después de la Revolución Cultural china y la muerte de Mao, entre los que también se incluyen Hu Mei (Confucio, 2010) y Chen Kaige (Adios a mi concubina, 1993). Igual que sus mencionados colegas, Yimou se graduó en 1982 de la Academia de Cine de Pekín, y trabajó como fotógrafo, dibujante y camarógrafo. En 1987 debuta como director con Sorgo Rojo, que junto a Semilla de Crisantemo (1990) y La linterna Roja (1991), consolidaron su fama internacional.


Además, es autor de La maldición de la flor dorada, Héroe y La casa de las dagas voladoras, todas del género wuxia; categoría de filmes chinos que recrean épocas históricas, en las que un héroe experto en artes marciales pone en juego sus habilidades en función del honor, la amistad, la lealtad o el amor. Otra peculiaridad es el carácter melodramático, a veces trágico que reviste el relato, la riqueza y preciosismo del vestuario y el rodaje en escenarios naturales. Shadow reúne todos estos ingredientes, más la influencia inobjetable que rige la espectacular filmografía de Yimou, su maestro Kurosawa, de quien ha logrado ser mucho más que una sombra.


Publicado originalmente en https://www.cubarte.cult.cu

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