‘A media voz’. Epistolario fílmico para cine de mujeres

Video-cartas sobre la memoria, la tierra natal, la amistad, la emigración…


Se diría que un novedoso género cinematográfico va ganando adeptos entre los realizadores; ya se dan a conocer nuevos ejercicios fílmicos inspirados en el intercambio de correspondencia filmada. Bajo el título preliminar See You Friday Robinson, y con la dirección o coordinación de Mitra Farahani pronto se concretará en una pieza única el intercambio de conversaciones, videos, cartas, aforismos e imágenes entre el cineasta francés Jean Luc Godard (residente en Suiza) y el iraní Ebrahim Golestan (establecido en Londres desde 1975, pionero del cine en su país de origen) figuras míticas del celuloide y nonagenarias ambas.


Las video-cartas, esta variante del cine en la cual ficción y no ficción suelen convivir en armónica dialogicidad, se sustenta en el despliegue de una espontaneidad creativa, una colaborativa intersubjetividad y el desbordamiento de la imagen-poesía como recurso expresivo. El éxito de la pieza final depende del escrupuloso montaje que permita un elocuente coloquio entre los materiales que aportan ambas partes.


El ADN estilístico de cada autor, la carga existencial e íntima, así como la libertad presumible en el uso de las herramientas audiovisuales apoyadas por la docilidad del registro digital, convierte a la correspondencia filmada en una sólida y sorprendente vitrina de emociones traducidas al lenguaje videocreativo.


Andando la ruta de las video-cartas, no puede obviarse que en 2005 el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) organiza una muestra que contendría obras fotográficas, instalativas y audiovisuales del artista vizcaíno Víctor Erice y del iraní Abbas Kiarostami. A finales de 2011, el propio centro auspicia la exposición “Todas las cartas. Correspondencias fílmicas”, a cargo de seis parejas que, además de Kiarostami y Erice, incluyó cinco duetos más: José Luis Guerín y Jonas Mekas, Isaki Lacuesta y Naomi Kawase, Fernando Eimbcke y So Yong Kim, Albert Serra y Lisandro Alonso y Wang Bing y Jaime Rosales.

‘A media voz’ de Heidi Hassan y Patricia Pérez


Correspondencia epistolar desde la diáspora


Con estos y otros antecedentes internacionales como respaldo, en 2019 Patricia Pérez Fernández y Heidi Hassan, cineastas cubanas graduadas de la EICTV en 2002, realizan A media voz. Esta pieza se inscribe también en la más específica circunstancia de intercambio epistolar entre emigrantes. A pesar de sus condiciones particulares de producción (contiene rodajes en Cuba, España, Francia, Suiza) la cinta representa con sobrada potestad lo que la historia de la emigración ha constituido para la inmensa mayoría de cubanos y cubanas que por diversas causas un día partieron de su tierra, después de 1959. El dolor del no retorno, la agonía de la identidad extraviada, la pérdida como padecimiento crónico, y la ruptura como desarraigo y como evanescencia de un pasado etnocultural donde la raíz ya no alcanza a tocar fondo.


Como es obvio, en esa modalidad poco explorada y de infinitas posibilidades discursivas, los trabajos involucrados en la propuesta del CCCB anteceden a Patricia y Heidi. Por lo que en un estudio intensivo y hermenéutico (no es este el caso) de A media voz, valdría la pena utilizar como bitácora preliminar las obras de aquellos referentes, aunque tampoco han de faltar otros modelos anteriores dentro de la misma categoría; por ejemplo, Video Letter (Shuntaro Tanikawa y Shuji Terayama, 1983) identificada como la primera escritura video-epistolar a dos manos.


De la introspección hacia lo cotidiano trascendente


Por su carácter intimista y de fuerte autorreferencialidad expresiva, emocional y existencial, la correspondencia filmada es territorio fértil para el cine de mujeres. Un cine que hace de la introspección un recorrido hacia lo cotidiano trascendente, y que aborta toda tendencia hacia lo histórico-heroico, la épica nacionalista y la ideología de portañuela.


La propensión a figurar como autor-protagonista y voz narrativa dominante, es también un atributo del intercambio de video-cartas, a todas luces compatible con el cine de mujeres. En tal caso unifica y concilia dos perspectivas en una sola teleología que Jonas Mekas denomina “Friends in cinema”. La amistad o el anhelo de recuperación de la amistad es, precisamente, uno de los núcleos proteicos de la cinta cubana.


Este largometraje también ha devenido provocación estilística para sus realizadoras. La correspondencia filmada entre cineastas, no solo rescata la práctica del cine directo, sino que además la eleva al rango de ensayo teórico. Las video-cartas de Heidi y Patricia a veces son pequeños tratados de antropología, psicología, economía, arte; a veces, reflexiones sobre política, maternidad, emigración, etnografía, etc.

Una obra que discursa sobre la memoria, la amistad…


Remitente y destinataria reversible


Me atrevo a afirmar que en A media voz, el sentimiento que sacude a las protagonistas es unívoco: parte de un conflicto de separación deliberada y forzosa a la vez. Una lejos de la otra; las dos, experimentando el exilio y la expatriación. En medio de circunstancias literalmente dramáticas, hay un punto en que sus identidades se funden. Por eso cabe afirmar que aquí se retoma la noción de Cine de autor (de autora), sin fisuras estilísticas ni conceptuales. Nótese que alternan su lugar detrás del lente y frente a él. Son al mismo tiempo autoras, actantes y personajes; narradoras y narratarias.


Esta suerte de conmutación entre observar y ser observada, nos conmina a reacomodar nuestras expectativas entre lo que simula ser ficción y lo que simula ser documental. No hay en todo el discurso que ellas desarrollan, un gesto, un subrayado, un código unidireccional que me obligue a ver la obra como un registro imaginado y fantasioso o, por el contrario, como un corolario de sucesos reales. Los muchos momentos de empatía que amotinaron mis emociones frente a la cinta, también son el resultado de una profunda inmersión en la diégesis, como habría ocurrido ante el más ortodoxo relato ficcional.


Tal hibridación genérica es el mayor riesgo y tal vez la mayor ganancia de A media voz, que no parece pretender jamás monopolizar ninguna verdad taxonómica. De ahí su estructura abierta con múltiples analepsis, dadora de un argumento que se ha organizado partiendo de los ritmos visuales que construye su imagen-poesía. Por ello, el montaje, que le permite el rebasamiento de la anécdota documental y del relato amañado que de costumbre nos impone la ficción, merece una de las mayores alabanzas.

Cartas filmadas desde el exilio


El sistema de escritura epistolar cinematográfica habilitado por Heidi y Patricia, se codea, desde su enriquecida semántica, con otros perfiles de las artes visuales como la videocreación y el performance. Crecimiento, nostalgia, pérdida, reencuentro, frustración, enojo, dolor no se agotan en la intensidad sentimental de un monólogo a dos voces, sino que apelan a la disrupción, la digresión y el extrañamiento.


Reescritura cinematográfica de la ciudad perdida


Uno de mis momentos favoritos en A media voz, es aquel en el que se superponen fotos de una vetusta edificación habanera sobre la fachada de un edificio en Suiza. El plano se va poblando de rostros disímiles, que asoman ventana afuera en un genuino mural criollo, respaldado por comentarios, gritos, pregones; el típico ruido urbano de vecindario caldeado y pobre, en una reinterpretación intertextual de los paródicos retablos de Eduardo Abela (de la serie “Babel”, 2015), sin dejar de bordear con grácil desparpajo una alusión a ciertos planos de Suite Habana (Fernando Pérez, 2003).


Por último, la praxis de la video-correspondencia, le confiere al texto fílmico de las cubanas el rango de caméra stylo que preconizaba Astruc. Escritura flexible y sutil porque, según él: “la puesta en escena ya no es un medio de ilustrar o presentar una escena, sino una auténtica escritura.” Y es que en el cine de mujeres, trasparencia y opacidad de la mise en scène, no son necesariamente opuestos, sino consecuentes, de la misma manera que la noche sucede al día, cuyo advenimiento se vislumbra en el instante de máxima oscuridad.


Otro mérito indiscutible de A media voz, es que recrea fórmulas de producción no convencionales, sino “artesanales”, propias de la logística del digital, y de los imponderables de un cine que se gesta y germina gracias a la pujanza del patrocinio internacional, de la virtud de su independencia y voluntad creativa, así como del ascenso de las prácticas transnacionales en la producción de cine.

Heidi y Patricia estudiaron y se graduaron juntas de la Escuela Internacional de Cine y tv de Cuba


Posdata sibilina


Así como no puede explicarse la cinematografía cubana actual sin la debida exégesis de lo que de manera independiente -entiéndase fuera de toda industria autóctona oficial- creciente y virtuosa se genera dentro y fuera del país; tampoco podría explicarse la coincidencia vocacional en el camino de la correspondencia fílmica que ahora también transitan Heidi y Patricia, sin asumir como punteros los ejercicios de quienes les antecedieron, y entre los cuales se cuentan maestros como Kiarostami, Erice, Kawase, Hirokazu Kore-eda, et. al. A esa constelación volcada en un nuevo género del cine, están por sumarse otros elegidos: Jean Luc Godard y Ebrahim Golestan. Las pioneras cubanas Heidi Hassan y Patricia Pérez, han de brillar junto a todos ellos.

Las realizadoras cubanas Heidi Hassan y Patricia Pérez

Publicado originalmente en IPs https://www.ipscuba.net/espacios/a-media-voz-epistolario-filmico-para-cine-de-mujeres/

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