
Alguien se lanza desde el balcón al patio de una escuela agotado de no poder soportar el hostigamiento de la turba estudiantil. Otro candidato ocupará su lugar, como si inexorablemente, la masa necesitara expurgar sus falencias con el permanente maltrato a su semejante. Este será el punto de partida para Días mejores (Better Days), cinta de Hong Kong-China, que recibiera en 2021, nominación al Oscar como Mejor película extranjera, galardón que se agenció Otra ronda (Thomas Vinterberg).
Sin menospreciar otras posibles causas y escenarios, mi sentido común y mi experiencia me dicen que cualquier persona que no tenga una alta autoestima, que no se respete a sí mismo o que sienta vergüenza de quién o de cómo es, será tarde o temprano pasto de la burla colectiva. El que se burla de otro, ve en aquél un espejo y al atacarle intenta destruir la imagen que ve reflejada. Pero antes, ha percibido esa rendija, esa grieta psicológica que denota la flojera de carácter, así como la debilidad mental y emocional del infortunado. Un acosado ha sido primero una persona cuyo comportamiento o cuya aura ha despertado lástima en los demás. Y como es obvio, la niñez y la adolescencia son periodos de posible vulnerabilidad donde la presión del grupo puede hundir en la intimidación a un sujeto frágil e inseguro.
Por el contrario, tengo a la mano ejemplos de personas cercanas, incluso famosas, que por sus características fenotípicas pudieron ser foco de acoso y, sin embargo, resultaron ser líderes positivos, y tremendamente respetados por su confianza en sí mismos, y por sus atributos intelectuales, artísticos y espirituales. Digamos, para no revolver mucho en una gaveta llena de cucarachas, que sufrir bullying es como sufrir cáncer. Nunca queda claro porqué a unos sí y a otros no. Con esto no quiero simplificar los múltiples contextos en los que puede acontecer un hecho tan deshumanizante como el bullying; mucho menos justificar su manifestación. Nada justifica ninguna tipología del acoso, que no solo se limita al ámbito escolar; también se localiza en el ámbito sexual, laboral, político, mediático, etc.

Ahora bien, volviendo al mundo concreto que describe Better Days, todas las burlas y violencias a las que es sometida Chen Nian (Zhou Dong-yu), y que hacen de su día a día un sin vivir crónico, tuvieron poco impacto en mí. Porque ya se sabe de qué va la movida cuando de cacería escolar se trata. De manera que se llega al tema ya con cierto nivel de saturación. Agregarle variantes más o menos no disminuye la monotonía de los hechos y mucho menos moviliza la compasión del público. Al menos no la mía.
La película se pone realmente interesante cuando, tras mucho insistir en las malandrinadas urdidas contra Chen Nian por sus colegas del aula, ella se tropieza con Xiao Bei (Jackson Yee) un precioso delincuente callejero cuya cara sangrienta se ve obligada a besar. Ahí se abre una nueva historia que ya deja atrás el cacofónico drama social para incorporar elementos melodramáticos que me pusieron a llorar en plan “limpieza profunda de lagrimales”. En ese punto me entregué toda al disfrute masoquista de aquel romance urbano con pandilleros, trifulcas, guardaespaldas, rufianes, bajos fondos, policía bueno, policía malo, el violador, y cuatro o cinco perejiles más, todo esto en medio de la preparatoria de Chen Nian para los exámenes de ingreso en la universidad. En esas pruebas le iba más que su futuro, la vida. El final no puede ser más intenso; de pañuelo y moco también.

El director Derek Tsang de 41 años es actor, director y guionista. Ha afirmado que sus influencias provienen del cine de autor, directamente de la Nueva Ola francesa y de Won Kar-wai. Sin embargo, en lo tocante a Better Days, la atmósfera narrativa se mueve más bien dentro del esquema de alternancia entre situaciones de violencia extrema y escenas de relativa calma, fórmula que el cine taquillero y los blockbusters han reciclado sin piedad.
El versátil hongkonés dirige junto a Jimmy Wan en 2010 Lover´s Discourse y en 2012 Lacuna. Luego debuta en solitario con Soul Mate (2016) título que precede a Better Days, esta última a medias inspirada en un caso real y en la novela “In His Youth, In Her Beauty”, de Jiu Yuexi.

No puedo referirme a un filme sobre acoso escolar sin que venga a mi memoria ese cortometraje cubano impactante: Camionero (2011, Sebastián Miló), en el que se expone con igual crudeza la intimidación y la violencia descarnada contra un adolescente, que no tiene ni el alivio de escapar por unas horas a su casa, porque convive en la beca, bajo el mismo techo que sus depredadores. No hubo allí el solapamiento de conflicto secundario que tuvo el asunto en Una novia para David, donde la gorda de turno volvía a ser vilipendiada. En mi preuniversitario hubo una gorda así, que fue maltratada y escarnecida de una forma que no he olvidado jamás, durante varias jornadas mientras cumplíamos con el periodo de Escuela al campo. Entonces no se hablaba de bullying, algo que tal vez sea tan viejo como la humanidad. Tampoco se reconocía el acoso escolar como una aberración. A las víctimas se les llamaba “trajinados”, y punto.
Según el filme chino, y a partir del caso allí narrado, las autoridades estatales han tomado cartas en el asunto e implementado sanciones así como planes de prevención contra el acoso escolar. Lo cierto es que desde cualquier perspectiva que se le mire y aunque no siempre termina cobrando la vida del maltratado, acosar es pisar el escalón más bajo de la inmoralidad antes de descender a los infiernos.

