
Una amiga mía que había estado trabajando un mes en provincias, a su regreso a la capital me llamó asustada para contarme que le había pegado los tarros al marido, y no sabía si contárselo o no. ¡Ni loca!, le dije, usted no ha hecho nada y como no ha hecho nada, no tiene nada que contar, es más, tú ni te acuerdas, y si no te acuerdas, eso no pasó. Algo parecido es lo que cuenta la canción de Thalia y Natti Natasha, reguetón del bueno, del que da para perrear con una lager en la mano, y apostar a que no se te bota. Pero también sirve para describir las relaciones de pareja en un contexto donde tanto el uno como la otra son entes soberanos, nadie es propiedad de nadie, por lo que la ley del embudo no tiene cabida; cualquiera tiene un antojo extramatrimonial; lo que vale para él, vale para ella.
Porque también hay una realidad, no todos los reguetones son un compendio de malas palabras, ultracochinadas y sexismo. A propósito, recuerdo al joven que puso a hervir la tierra caliente con ‛El Pru’: ¡quieres que te lleve a singapur? si quieres que te lleve ven y prueba mi yogurt. Sí, lo confieso, lo bailé, lo canté, lo perrié, lo grité. Si el santiaguero Candyman no fue el jefe de todo esto, el primero de todos, que baje Dios y lo desmienta. Inolvidable se me parte la tuba (¿recuerdan aquel éxito de Elvis Manuel?) y ‛El palón divino’ (Chocolate). También hay composiciones que derivan en verdaderos foros musicales de educación sexual; aunque sea un poco complicado defender la obra de alguien que escribe y canta lo siguiente: Si tu novio no te mama el culo, pa eso que no mame, baja pa casa que yo te lambo toa; lirismo aparte, la frase no podía ser más sincera e ilustrativa.

Un tantito distante de aquella poesía tan gráfica, tenemos ejemplos menos agresivos: ‛Despacito’(Luis Fonsi), ‛La tusa’ (Karol G y Nicki Minaj), e ‛Intentions’ (Justin Bieber Feat. Quavo), entre otros. Tampoco puedo ocultar que me encanta ‛Mayores’, canción y video resuelto a dúo por Bad Bunny y Becky G, a pesar de que esta última sufrió críticas por aventurar una desaforada alusión al tamaño del miembro viril; no muy diferente de lo que hizo Jennifer López en ‛El anillo pa cuando’, donde comparó el pene de su novio con un bate de beisbol, además de descoyuntarse haciendo twerking.
Es decir, este género, que está a la vanguardia en la popularidad dentro de la música urbana latina, ha surgido en los estratos más humildes, entre el lumpen proletario y el marginalismo. Se nutre de la praxis cotidiana, del lenguaje popular, de la periferia y del folclor. Por la brevedad y sencillez de sus letras permite memorizarlo y repetirlo con facilidad, a diferencia del rap que implica un nivel de improvisación que deja fuera la espontaneidad de acompañar sus multiplicadas letras. Por lo general, el reguetón es el pop rock del solar. Celebra el sagrado matrimonio entre las alucinaciones del yonki y la lírica del asere.

Ese destaque se centuplica por el impacto visual de los videos musicales, donde se termina de construir el universo fenomenológico del reguetón. Por desgracia, la inmensa mayoría de las propuestas visuales se dirige a elogiar lo superficial, lo procaz. Aplauden el éxito, el triunfo desde el punto de vista monetario, a veces por medio del atraco o la estafa, con la complicidad de una vampiresa. La exaltación de la sociedad de consumo se constata desde la male gaze, o perspectiva dominante masculina, aunque la cantante sea una mujer. Por ejemplo, Patry White recurre al product placement de firmas como Gucci y Cartier en ‛Cheking Chequeame’.
Los placeres derivados del dinero, suelen ser con frecuencia el núcleo argumental, junto a la conquista sexual de la mujer: Conmigo tú te ves mejor/ en mi carro tú te ves mejor/el cuarto huele a Christian Dior. (Maluma, 11PM). Autos lujosos, helicópteros y jets privados; yates, joyas, mansiones con piscinas, y mujeres que responden a un estándar de belleza fabricado e impuesto por la industria del espectáculo. Con este fondo escenográfico Wisin & Yandel, recrearon la canción ‛Sexy Movimiento’, que entre otras florituras poéticas dice: Dame un abrazo, arúñame el antebrazo/Acaba, préndete como lava/Y sin pensarlo se mi esclava. Debió ser complicado alcanzar semejante complejidad tropológica, dado que se necesitó la colaboración de cuatro autores para la misma pieza.

También este género suele glorificar el bajo mundo, donde se trivializa o romantizan ambientes delictivos y de degradación humana. Por ejemplo, la mafia aparece como un mundo ilusorio y peligroso que lleva a la cárcel; y esta a su vez, cierra el ciclo de un universo idealizado donde los hombres prueban su valor y capacidad de sufrimiento pasando un tiempo a la sombra. (Qué daño fue quererte, Yomil y El Dany)
Otro rasgo es la hipersexualización visual, con la que, a veces, el reguetón nos recuerda los roles tradicionales según los sexos biológicos. Es muy fácil reconocer el repertorio gestual que se asocia a la masculinidad barriotera en las presentaciones de los reguetoneros (por cierto, más abundantes que las reguetoneras). En tanto el séquito de féminas que suele flanquear a los músicos se esmera en la mostración de traseros “humeantes” y abultadas pechugas.
El reguetón se expresa en un triple sistema de signos: musicales, verbales y visuales. La performance danzaria en que se vierte esta música atraviesa el dembow y culmina en su modalidad bailable más difundida: el perreo. La historia recoge que el primero en usar ese ritmo fue el jamaicano Shabba Ranks, cantante de dancehall, en una de sus canciones más famosas: Dem Bow (1991) que, en patois jamaicano significa “ellos se inclinan” https://elordenmundial.com/reggaeton-historia-perreo-transnacional/ y tenía una connotación homófoba que definía así a aquellos que se plegaban a la opresión y al racismo.
Antes tú me picheabas, ahora yo picheo
Hay canciones que parecen reducir al mínimo ese afán de objetualización o ninguneo de la mujer y otorgarle, en cambio, cierta independencia. Cada vez que oigo ‛Felices los cuatro’ pienso lo mismo: Maluma podía aceptar compartir la mujer, pero dejando muy claro que su moral heteronormativa no iba a ser traicionada. ¡No me parece! Dada la situación que se plantea, lo lógico habría sido proponerle a su chica un trío, no un cuarteto. ¿Cuál es el miedo?

Me gustó ver al Conejo Malo travestido. Lucía divino. Yo perreo sola empieza muy bien. Pero al final, insiste en ese busto desnaturalizado y siliconesco que caricaturiza en lugar de celebrar la autonomía de la perreadora. Bad Bunny puede mejorar. Su dúo con Becky G en ‛Mayores’, le dio a la joven la oportunidad para colarse en listas de éxitos, durante casi tres años. El video, sin ser original, se torna atractivo por la presencia de las carismáticas figuras, la sabrosura rítmica de la canción y la calidad visual y artística de la puesta en escena.
Cierta procacidad mal disimulada en los textos, hace parte del lenguaje soez que con absoluto desenfado asume el género. Para ser honesta, es de las cosas que más suelen disfrutar los fanes. Esa licencia para gritar una palabrota, o una frase que describe una acción o atributo sexual es poco menos que fascinante. Empero, ha sido el punto rojo en el colimador de sus detractores. Di tú. ¿Acaso no se siente un arrebato contracultural y contestatario incontenible al cantar: Habana abierta te lo trae de p…?
La violencia verbal y física, garante e imperativo de esa masculinidad y la riqueza económica como objetivo supremo en la vida, implican, además, la frecuente descalificación del contrario: Yo te lo hago mejor, mejor que ese cabrón (Dalex – ‛Mejor’ ft. Sech). Porque el espíritu del reguetón se alimenta de la beligerancia entre sus cultivadores, lo que ellos llaman “tiradera”, algo que tienen en común con su primo hermano el rap.
De la misma forma que los periodos de crisis conspiran contra las conquistas arrebatadas al machismo, el reguetón tiende a sintonizar esos retrocesos y crea, no pocas veces, con sus letras y con los videos musicales espacios para recolocar patrones de comportamiento heteronormativo. Sirve de imaginario consuelo de masculinidades virulentas, que la opresión y la pobreza obligan a permaneces doblegadas, bajo el peso del poder patriarcal omnímodo.
Por eso lo que debe preocupar no es que mucha gente verdadera o mediana o presuntamente culta los critique, los desprecie o los ignore. Lo que debe ser motivo de preocupación es la manera en que los reguetoneros y sus fanes ignoran un montón de cosas; entre ellas, un volumen de reglas prefijadas por la dominación machista, para repetir así patrones de conducta y de moral a todas luces caducos. Aunque en honor a la verdad, no es el género per se lo que condiciona una moral falocéntrica. Es cierto que no pocas veces el hombre aparece encarnando una virilidad lista para entrar en acción, ya que está rodeado por mujeres semidesnudas, contoneantes, dispuestas a satisfacerlo. Pero eso no lo inventó el reguetón.
A Little Bit of of Angela, Pamela, Sandra and Rita

Lou Bega, nombre artístico de un alemán criado en Miami, de madre italiana y padre ugandés, supo lo que era el mambo el día que se empató con una cubana. En 1999 estaba listo para lanzar al mundo su versión transcultural de lo que él llamó ‛Mambo No. 5’ (A Little Bit of.) inspirada en el ‛Mambo número 5’ de Pérez Prado. El tipo arrasó. La polémica que rodeó los royalties en torno a esta adaptación tan libre como fascinante del escandalosamente sexy mulato, no disminuyó un ápice la euforia que produce su pieza musical. Tampoco este hit se añade un milímetro de valor con el espantoso video que lo acompaña, y donde se mezcla ambiente de cabaret, materiales de archivo, ambientación de los años 50 y vestuario de los 40.
Como dice la letra, él necesita un pedacito de cada una de las que nombra: a litle big of you makes me your man. Una comparsa de coristas ejecuta un protoperreo moviéndose como Dios pintó a Perico, mientras adula al jeque cantor. Semejante ambientación y espíritu encontramos en un music video de Pitbull – ‛Fireball’ ft. John Ryan, colgado desde 2014 en YouTube. Veinte años no es nada cuando la vida sigue igual. Atrás quedaron los tiempos en que mujeronas como María Antonieta Pons, Rosita Fornés, Blanquita Amaro o Amalia Aguilar, dignificaban la farándula rumbera, empoderadas sobre un escenario, moviendo con frenesí sus colas emplumadas, regalando a la vista la belleza natural de sus cuerpos, inseparable de su talento danzario, siendo siempre figuras, nunca fondo; no trozos de carne fragmentada y epiléptica, sino cuerpos autosuficientes derrochando arte.
Tu eres mala cantidad

En un aparente escape del reguetón machista está aquel que preconiza a una mujer conflictiva, deseosa de marcar territorio sobre la base de una dominación que paga con la misma moneda. Gloria Trevi y Karol G en ‛Hijoepu’ amarran a un tipo con el torso desnudo, y lo que harán con él queda a la imaginación del espectador; pero dado el panorama escenográfico y la de veces que se han visto situaciones similares, qué duda cabe ¡lo van a torturar! La misma estrategia revanchista propone Ivy Queen -‛El Lobo del Cuento’; de igual forma aparece el engatusador atado, con el torso desnudo, pero en este caso se transforma en hombre-lobo y es ultimado a garrotazos, por un grupo de muchachas capitaneadas por una Ivy Queen caracterizada como hechicera. Tan lesivo es un tipo de sexismo que vulgariza, enajena, invisibiliza o reduce a la mujer al rol de objeto decorativo o sexual, como aquel que hace de espejo para instrumentar la misma moral punitiva contra el sexo opuesto.
Ese limitado abanico de tópicos, empobrece al reguetón. La imagen de la mujer no solo queda limitada por un modelo físico que descalifica la enorme variedad de cuerpos y etnias, sino que reduce las preocupaciones femeninas a llorar la traición y el desprecio masculino, o a jurar venganza y una dudosa reivindicación en el acto de cobrar ojo por ojo, tal como lo cuenta en ‛No Mas Mentiras’ – El Uniko: Dice que más nadie va a mentirle/porque ella es la que va a decir mentira, que ella no está pa maltratar al corazón/que el tiempo que se va, pa tra no vira. Está bien sacudirse un fracaso amoroso poniendo la ingenuidad a un lado y aprendiendo a quererse e imponerse al desengaño. Pero el revanchismo y el “paguen justos por pecadores” es un camino retorcido que nos devuelve al pandemónium de la inequidad machista.
Prefiero la Ivy Queen que deja muy claro que gozar la erótica del baile no implica consentimiento para arrastrar a una mujer a tener sexo (‛Yo quiero bailar’) Yo quiero bailar/Tú quieres sudar/Y pegarte a mí/El cuerpo rozar/Yo te digo sí, tú me puedes provocar/Eso no quiere decir que pa’ la cama voy. Aunque el flirteo del baile provoque calentura y exponga voluntariamente la libido femenina, llegado el punto en que una dice No, es No. A cuánta gente hay que explicarle aun, que la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía.
Con dinero y pasmao, la calidad es la calidad
Por la manera en que se impone lo visual en el mundo contemporáneo, un reguetón sencillo puede crecer hasta llegar a cautivar públicos no amantes del género, si se acompaña de un video clip que sepa enriquecerlo. Esto ocurre porque al auxiliarse de otros códigos su potencial semántico puede desdoblarse y ofrecer un resultado mucho más intenso y sugestivo.

Es lo que me sucede con un video dirigido por Alejandro Pérez, realizador cubano de prestigio incuestionable, que ha realizado videos musicales excelentes para artistas como Marc Antoni, Enrique Iglesias, Pitbull, Orishas, Gente de Zona y Diana Fuentes entre otros. El Micha tuvo la suerte de poner en tan virtuosas manos su primer video clip. Es la historia de una muchacha que tiene sucesivos antojos extramatrimoniales, de los que su pareja no quiere dejar testimonios. Como está tan enamorado, prefiere convertirse en un serial killer y eliminar a sus oponentes, antes que renunciar a ella.
Ya de por sí la historia está poniendo de cabezas un estereotipo machista, por el que se condena a la mujer infiel. Incluso lo típico es que suceda lo contrario (‛El mentiroso’ Gente de zona, Silvestre Dangon). Pero lo más interesante tratándose de un video para reguetón, es que Alejandro Pérez renuncia a la modelo clásica. La joven escogida es una mujer negra, con su cabello rizo natural pelado bien bajito, de cuerpo enjuto, donde se pierde toda curva provocadora. Ella suele bailar de un modo muy raro, marcando el desparpajo y la liberalidad con que lleva la vida; parece moverse como si no tuviera huesos, como si su cuerpo flotara sobre una espuma invisible.
La dirección de arte, uno de los rubros por los que destacan las obras de A. Pérez, está a cargo del propio realizador y de Joanne Soto quien personifica a la protagonista. La fotografía prefirió acogerse al blanco y negro, lo cual intensifica el sentido de thriller burlesco, y ayuda a resaltar la belleza de la jovencita que pretende pasar por ingenua en sus continuos coqueteos. A pesar de su cuerpo esbelto A. Pérez no cayó en la tentación de desarroparla. Todo el morbo necesario para caracterizar la enfermiza pasión del personaje masculino por esta mujer nace de su original manera de ser y estar en el mundo: su vestido de tirantes o una sayita jean deshilachada y una camiseta blanca son todo lo que necesita Joanne para seducir. Inteligente alternativa para acompañar una canción que por sí sola sabría a poco. De paso, sepulta la cansona tipología femenina, que hunde a la mayoría de los videos de reguetón en la más aborrecible rutina.
Matando la tusa con un Grand Slam
Vamos a ver. Mi teoría no es que las mujeres tenemos que igualarnos a los hombres haciendo bellaquerías como pegar tarros, ser vengativas, o despreciar y maltratar a los varones. En lo que no consiento es que se nos presente como las eternas cornudas y apaleadas, o puros cuerpos semidesnudos contorsionándose frente a una cámara, sin tener nada propio que decir. Con esto digo que las reguetoneras pueden sacar un partido muy grande al género si toman consciencia de su potencialidad y convierten la rebeldía ciega y trasnochada en un caballo de Troya contra el inmovilismo de un mundo patriarcal e hipócrita.

No basta con seguir matando la tusa e irse para la disco a perrear sola o acompañada. Porque eso es como dar hit y que luego te saquen out intentando robar segunda. Para impulsar al reguetón de calidad, hay que aprender a dar home run con bases llenas: un Gran Slam. Hay que aprender de los mejores, de aquellos artistas con experiencia y sobrada calidad como Dady Yankee y Don Omar. Este último ha contado en una entrevista: “La violencia que yo ponía detrás de mis letras un día me dio un golpe (…) Si a usted se le hace más fácil vender lo malo, no pretenda que le van a regresar cosas buenas. (…) El contenido de lo que nosotros escuchábamos día y noche se convirtió en mi primer caso criminal: posesión de un arma de fuego, una pistola Smith & Wesson calibre 40. Porque había una canción que decía ¨tengo una punto 40¨, hablaba de una pistola. Yo era un niño de 15 años (…) Yo tengo claro que esa era mi canción favorita.”
En esa misma entrevista Don Omar afirmaba que Anuel AA y Bud Bunny estaban “limpiando sus letras”. Me imagino que se refería a eliminar temas relacionados con tiroteos, pandillas, crimen armado, y cosas así. En cuanto a la faceta más pornogrosera, carnal y explícita del sexo llevado al reguetón, no creo que haya voluntad de ninguna de las partes para dejar de cultivarla y consumirla con toda impunidad y rigor. Mientras el reguetón siga siendo motivo de pataleta intelectual y ofensa para cualquier tipo de élite en el poder, seguirá usándose (inconscientemente) como arma de resistencia pasiva y desobediencia civil.

Contrario a lo que algunos piensan yo coincido con Residente en que el sexo es la base de todo; lo cual enfatiza en su video clip ‛Sexo’ dedicado a Sigmund Freud y Judith Butler. Nadie lo dice, pero todos quieren sexo. Quizás esa sea la razón por la cual recientemente el Tribunal Supremo de Canadá ha legalizado los actos sexuales con animales, siempre y cuando no haya penetración al animal ni este salga lesionado. En caso contrario seguro que el animalito podrá llevar al infractor a la corte. ¿En serio? Pronto veremos a algún reguetonero inspirado componer algo así: si tu perro no te mama el culo, pa eso que ni ladre… ¡Misericordia René! Blan blan, guata ban ban, Cum pum pum, wiki, wiki, rrrrrata tata ta…
